Te di mis ojos,
y olvidé
que sin ellos no podría mirar,
pero usé mi piel,
y me enseñaste a confiar.
Te dí mis manos
y olvidé
que sin ellas no podría tocar,
pero usé mis pies,
y me enseñaste a creer.
Te di mi boca
y olvidé
que sin ella no podría opinar,
pero use mi cabeza,
y me enseñaste a razonar.
Te di mi alma
y olvidé
que sin ella no podría amar,
pero use mi corazón,
y me enseñaste a querer.
Te di mis alas
sin pararme a pensar
que sin ellas,
aunque usara mi vida,
jamás aprendería
a
volar...
viernes, 13 de febrero de 2009
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