domingo, 30 de noviembre de 2008

Estas allí

Estas allí,
y ya no te recuerdo en ningún otro lado

Tu cuerpo enraizándose con tu Tierra,
respirando al fin,
encóntrandote de nuevo.

Estas de vuelta,
y todo volverá contigo:
los versos, las ganas, los sueños.

Estas alli,
y te siento mucho más cercano
porque aquí existes,
pero alli eres.




sábado, 29 de noviembre de 2008

Domingo

Mañana es Domingo y, ¡odio los domingos!. Son días impíos que vienen armados con puñales para clavarlos,con premeditación y alevosía, en el centro de las cosas que te gustaría hacer y no puedes.
Mañana es Domingo y, ¡no me gustan los domingos!. Sobre todo porque no estás tú con la posibilidad de ser, y hacerme existir, al final del día.
Pero también allí, mañana será Domingo. El primero en casa desde hace muchos inviernos, y entonces todo tiene otro sentido. Mañana veré 6 horas antes que tú al último día de la semana y le diré todo lo que quiero que sepas (o que recuerdes), para que cuando amanezcas pueda, desde un rincón de tu alma, o posada encima de tu pelo, vivirlo contigo en la distancia.
He intentado no pensar tanto en tí, pero como no encontraba ningún porque que me convenciera y, además, no tenía que rendir cuentas a nadie sobre promesas no cumplidas, he dejado de intentarlo y he preferido pasar la noche de éste Sábado en Madrid pensándote, recordándote, presintiéndote y escribiéndote para sentirte aquí, justo entre mi ilusión y tu alegría; entre mi incondicionalidad y tu independencia; entre la distancia y la cercanía.
Y aunque puede que ni siquiera tú entiendas esta forma mía de sin ser, me basta con seguir escribiéndote, pensándote, recordándote sin que (por ahora) tú lo sepas.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Hay días...

Hay días que se clavan en las costillas;
que trepan por el intestino hasta ubicarse en la boca del estómago;
que huelen a humo;
que en lugar de horas, hay puñales.
Son días grises de finales de Noviembre.
La antesala de las fatídicas Navidades.
Hoy no fue un día de esos, pero podía haberlo sido...

jueves, 27 de noviembre de 2008

CONTRASTES

No sabía donde ir pero sabía dónde no quería estar. Necesitaba que el frío congelará mis pensamientos por un rato y me dejará descansar. Me abroché el último botón del abrigo y cerré la puerta. Pensé en llevarme música. Siempre lo pienso cuando salgo de casa y siempre que lo pienso me acuerdo de que hace más de tres meses que perdí mi mp3. Fantaseando con la posibilidad de comprarme uno nuevo, no me dí cuenta de que, en el pasillo que llega hasta los ascensores, había una persona. Era el marido de mi vecina. La pareja del apartamento 707. Antonio, creo recordar que era su nombre, aunque yo siempre le llamo el anciano sonriente.
Debe tener unas 8 decádas. Más por lo curvado de su andar que por sus arrugas. Su pelo es totalmente blanco y lleva sombrero. Pero no un sombrero de los 60, ¡que va!. Siempre lleva sombreros que bien podían venderse en Zara . Suele llevar pantalones claros de pinzas a cuya cintura engancha los tirantes. Usa camisas claras de cuyo cuello se descuelgan divertidas corbatas. Y por supuesto, zapatos de vestir. Una mezcla amable de lord inglés y clown

-¡Buenas tardes, caballero!.
-¡Hola niña!,¡cuánto tiempo!.Buenas tardes, y qué seas muy feliz.

Me metí al ascensor procesando lo que me acababa de decir áquel entrañable anciano y bajé al portal. Cuando iba a abrir la puerta de la calle, me dí la vuelta y subí a mi casa. Encendí el ordenador (cómo si marcara tu número) y te escribí esto. Ya sabes que cruzarme con los pocos humanos que quedan, es una más de las situaciones que me ponen sensible.

Y en la mar...


- ¡Dadme tierra!
Y yo sólo podía pensar en el mar. En tu voz y en la mar.
-¡Pisad tierra!
Y yo estaba a cien mil pies de altura pensando en el mar. En tu pelo y en la mar.
-¡Sentid la tierra!
Y yo me notaba mojada imaginándome en el mar. En tu pecho y en la mar.

Pero, ¿oye?, no vayas a creer que sólo pienso en ti, ¿eh?. ¡Que va!. A veces tambien pienso en ella. Pero sí tu presentida alegría atraviesa océanos y llega, en forma de rayo de Sol, a despertarme en las mañanas, sólo puedo abrir la ventana de mi cuarto y dejar que me invada. Dejar que me inspires. Respirarte. Contagiarme y tomar prestada una esquina de tu felicidad para endulzar mis días. Ya sabes esa estúpida mania mía de darle importancia a los pequeños detalles. De no pasarlos por alto. De intentar capturarlos y hacerlos míos.
Hoy nevó en varias ciudades de España y yo me pregunto cómo será el Sol de Santiago. Cúanto quemará, cuántas heridas estará cicatrizando, qué cosas alumbrará, cuánto lo estarás disfrutando, cuántas sonrisas le regalaras...

Aquí hace frío (no me gusta mentir), pero aquí hace calor.

Hoy es Jueves y en el trabajo me dieron vacaciones obligadas, así que decidí ir a la agencia de viajes soñados. Había una oferta de última hora:" Cerrando los ojos fuerte y dejándome llevar, en menos de un segundo puedo llegar a ti, y a la mar ". No he podido resistir la tentación. Así que lo siento mi niño, tengo que dejarte que se me hace tarde. Mi vuelo esta a punto de despegar.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Cuba, 26 de Noviembre de 2008

¿¡Ya!?
Casi seguro que si.
Y allí dónde estuviste anoche,
sólo habitaba el silencio.
Hoy es un día de mímica más que de versos.
De ojos aguados,
de gargantas anudadas,
de ángeles que pasan,
de recuerdos.
De tiempos pretéritos,
de presentes pluscuamperfectos.
De todo lo no vivido
resumido en un abrazo materno.
Hoy no me salen las palabras.
Hoy dibujo sobre el viento
.
Sólo gestos.
Sólo miradas.
Sólo abrazos.
Sólo un te quiero.

martes, 25 de noviembre de 2008

O quizás no


Hoy habrás volado.
Casi seguro.
Y,
sin necesidad de levantar los pies del suelo,
también lo he hecho yo .
Te he imaginado por las nubes,
inmerso en el profundo y placentero sueño
de quién ya no se siente súbdito del tiempo.
En ese mismo sueño que,
el cansancio acumulado
de tanto nervio tragado sin masticar,
te robó durante años.
Despertarás,
y tendrás un "deja vou " exacto de 8 años.
Aquí,
seguiremos en el 2008.
Aquí,
de tan libres,
seguiremos olvidando volar.
Hoy habrás volado.
Lo sé.
Hoy te he vuelto a recordar*

* RECORDAR, del latin re-cordis, volver a pasar por el corazón

De ángeles, de vuelos y de mí

Ayer desayuné con un ángel. Eran las 12 de la mañana y apenas había gente en el bar. Entró al local con el agobio que da el saberse fuera de lugar. Con miedos, vergüenzas y prejuicios, pero con el deseo de llevarse algo caliente al estómago y otro, más implícito, de no sentir la soledad. Los pocos madrugadores tardíos que había desayunando estaban tan inmersos en sus pseudo-intelectuales lecturas de periódicos gratuitos (usadas como tapaderas de soledades sociales) que no percibieron su presencia hasta que el olor que da el vivir en la calle, les invadió sus aburguesadas narices.
Tenía el pelo negro azabache, y tan enmarañado que bien podría confundirse con un nido quemado de cigüeñas. Llevaba una chaqueta gris verdosa de cuero ,dos tallas más pequeña que la suya, que dejaba al descubierto unas lumbares amoratadas escondidas bajo varias capas de suciedad que envolvían todo su cuerpo. Los jirones que quedaban de sus pantalones tan sólo le cubrían el cachete izquierdo de su gran culo,dejando al aire el enorme,peludo y sucio muslo de su pierna derecha. LLena de hematomas. Llena de heridas. Llena de cansancio. ¿Y los zapatos?. Ni siquiera llevaba. Unos empapados,rotos y putrefactos calcetines de lana eran todo su apoyo sobre el mundo

-Buenos días,¿me pones un cafe con leche,por favor?- preguntó con más vergüenza que timidez al camarero.

¡Un café con leche!.¿A qué le sabría ese café que yo apenas saboreaba?, ¿qué significaría para ella?, ¿cúan agradecida estaría por el calor del local que le estaba resguardando del frío y de la lluvia durante unos minutos?.
No levantó la mirada del suelo durante los 60 segundos que se tarda en hacer un café y cuando por fin ya lo tuvo en sus manos caminó, absorta la mirada en su gran tesoro, hacia la banqueta que quedaba libre en mi mesa. No me dirigió la palabra. Tampoco le hizo falta. Su mirada me lo dijo todo. ¿Puedo sentirme persona?. Quizás recordando otros tiempos en los que ella también tomaba el café de un trago,sin saborerarlo, sin pensar que un día podría ser un lujo que no podría permitirse, se llevó el primer sorbo a la boca. Lejos de sentirme incómoda, me sentí especial. Tenía muchas banquetas vacías pero eligió la de mi mesa. Quizás ni siquiera fue una decisión premeditada, quizás ni siquiera fue una cuestión de empatía. Tampoco me importaba. Me había hecho sentir bien y con eso me sobraba.
Toda la cafetería nos miraba, o al menos eso creo, porque noté ese extraño peso en la cabeza que se siente cuando alguien te observa desde lejos sin que quiera ser demasiado evidente. Me daba igual. Yo no podía dejar de mirarla a ella. Tenía los ojos de un azul tan transparente que buceé en ellos encontrando la paz que hacía tiempo estaba buscando. Eran pura dulzura en mitad de la desgracia. Eran una necesidad de amar.
Sorbía lentamente su café y su expresión era de agradecimiento hacia alguien que se encontraba por encima de la altura de sus ojos. Y entonces, mascullaba palabras. Supongo que le daba las gracias a ese mismo ser que a pesar de todo, no se olvidaba de ella. En ese momento el dueño del bar apareció y quiso echarla de mi lado. Me negué. ¿Quién era él para arrebatarme mi momento mágico del día?. Le dije que no me importaba que estuviera allí y ella me regaló su angelical mirada y me preguntó muy sorprendida si realmente no me importaba. Pero mujer, ¿tu no ves la sonrisa que se me ha dibujado en mis labios desde el mismo momento en que decidiste sentarte a mi lado y hacerme persona?.
Ya no habló. Ya no masculló. Ya no agradeció. La situación le había traído de nuevo a su realidad y se sintió fuera de lugar. Apuró el café y se acercó a la barra,muy educadamente ,a preguntarle al camarero cuánto le debía, y cuando éste le hubo contestado, se metíó las manos en los bolsillos del pantalón,como buscando esas monedas que una siempre lleva sueltas en ellos, pero olvidando que el suyo sólo tenia las marcas de que, en un pasado ,pudieron existir; olvidando que, en el presente, sólo había agujeros; olvidándose de quién era, y mirando ruborizada al camarero se disculpó, con una voz temblorosa, alegando que había olvidado coger el dinero al salir de casa. El corazón se me esncogió. Al camarero tambien. Le miró y le dio las gracias como quién pide perdón.
Se encogió de hombros, agachó la cabeza y caminó hacia la calle . La luz del bar se iba apagando a medida que ella se alejaba. Pensé que jamás volvería a ver esos ojos pero un paso antes de llegar a la puerta, se detuvo, se giró y me regaló, por útlima vez, su cristalina mirada. Se fue. Para ese momento, la gente que aún quedaba en la cafetería, volvía a esconder su soledad en hipócritas lecturas.
Fue un ángel. Seguro. Y empecé a volar. Lástima que al final del día tuviera un aterrizaje forzoso. A fin de cuentas volaba con las alas de repuesto porque las mías estaban en tu maleta. Sé que no soy a la única que le pasa, sé que es el precio de esta forma de vida, sé que es un tropiezo en el caminar, sé que es otro cambio más, pero déjame sentarme en la banqueta vacía de tu mesa,y, simplemente, mirarte.

PD: A esas horas, te imaginé volando a ti también. Escuchar tu voz fue remontar mi vuelo...