Mañana es Domingo y, ¡odio los domingos!. Son días impíos que vienen armados con puñales para clavarlos,con premeditación y alevosía, en el centro de las cosas que te gustaría hacer y no puedes.
Mañana es Domingo y, ¡no me gustan los domingos!. Sobre todo porque no estás tú con la posibilidad de ser, y hacerme existir, al final del día.
Pero también allí, mañana será Domingo. El primero en casa desde hace muchos inviernos, y entonces todo tiene otro sentido. Mañana veré 6 horas antes que tú al último día de la semana y le diré todo lo que quiero que sepas (o que recuerdes), para que cuando amanezcas pueda, desde un rincón de tu alma, o posada encima de tu pelo, vivirlo contigo en la distancia.
He intentado no pensar tanto en tí, pero como no encontraba ningún porque que me convenciera y, además, no tenía que rendir cuentas a nadie sobre promesas no cumplidas, he dejado de intentarlo y he preferido pasar la noche de éste Sábado en Madrid pensándote, recordándote, presintiéndote y escribiéndote para sentirte aquí, justo entre mi ilusión y tu alegría; entre mi incondicionalidad y tu independencia; entre la distancia y la cercanía.
Y aunque puede que ni siquiera tú entiendas esta forma mía de sin ser, me basta con seguir escribiéndote, pensándote, recordándote sin que (por ahora) tú lo sepas.
Mañana es Domingo y, ¡no me gustan los domingos!. Sobre todo porque no estás tú con la posibilidad de ser, y hacerme existir, al final del día.
Pero también allí, mañana será Domingo. El primero en casa desde hace muchos inviernos, y entonces todo tiene otro sentido. Mañana veré 6 horas antes que tú al último día de la semana y le diré todo lo que quiero que sepas (o que recuerdes), para que cuando amanezcas pueda, desde un rincón de tu alma, o posada encima de tu pelo, vivirlo contigo en la distancia.
He intentado no pensar tanto en tí, pero como no encontraba ningún porque que me convenciera y, además, no tenía que rendir cuentas a nadie sobre promesas no cumplidas, he dejado de intentarlo y he preferido pasar la noche de éste Sábado en Madrid pensándote, recordándote, presintiéndote y escribiéndote para sentirte aquí, justo entre mi ilusión y tu alegría; entre mi incondicionalidad y tu independencia; entre la distancia y la cercanía.
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