jueves, 11 de diciembre de 2008

Acostumbrándome

No sé que hora es.
El tiempo no pasa desde que no estas en Madrid. Las calles se han alargado y me da pereza caminarlas, y las noches nunca acaban si no me esperas al final de ellas. Mis amaneceres se han oscurecido desde que tus alarmas no suenan, y mis oídos se han taponado desde que tu voz no los acaricia. Mis manos andan patosas, destruyendo lo que tocan, y mi cuerpo está deshaciéndose con las gotas de lluvia que le mojan.
Aún así...
a todo se acostumbra una,
y aunque no sepa qué hora es,
ni quién soy,
ni a dónde voy,
mientras tenga tu recuerdo,
me seguiré salvando.

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