Hace tiempo que no oigo mi risa.Ahora simplemente la leo. Se ha quedado muda y se ha convertido en vocales y consonantes escritas en pantallas de móviles o de ordenadores.
Recuerdo que, cuando era pequeña, mi madre siempre me decía que tenía una risa muy contagiosa. Siempre me pareció que lo decía por hacerme sentir bien. Por darme la seguridad que necesitaba para poder expresar mi alegría, por chirriante que pudiera ser. Ella quería que no me juzgara, que no me censurará, pero para mí siempre fue horrorosa (como casi todas las cosas que tenía o que hacía en áquel entonces), aunque he de reconocer que me gustaba ver el efecto que producía en los demás. Se la transmitía. Se reían. Y veía lo que, ahora que me da por crecer, echo de menos en la gente: ALEGRÍA.
Recuerdo que, cuando era pequeña, mi madre siempre me decía que tenía una risa muy contagiosa. Siempre me pareció que lo decía por hacerme sentir bien. Por darme la seguridad que necesitaba para poder expresar mi alegría, por chirriante que pudiera ser. Ella quería que no me juzgara, que no me censurará, pero para mí siempre fue horrorosa (como casi todas las cosas que tenía o que hacía en áquel entonces), aunque he de reconocer que me gustaba ver el efecto que producía en los demás. Se la transmitía. Se reían. Y veía lo que, ahora que me da por crecer, echo de menos en la gente: ALEGRÍA.
En ese tiempo no entendía la tristeza. Ahora que sé que existe, echo de menos mi contagiosa risa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario