No me quieres más de lo preciso.
No tienes fiebres altas de amor.
Controlas tus sentimientos y,
al demostrar tu pasión,
eres politicamente correcto.
Subyugas tus emociones,
atándolas a la cordura.
Y sí te sorprendes dormido entre mis brazos,
soñando en alto tus deseos,
te despiertas y les echas formol.
Les anestesias.
Y te sientes más seguro,
y vuelves a tomar distancia,
y te pones de nuevo en tu lugar:
ni muy lejos ni demasiado cerca.
Para ese entonces ya te he amado,
me he despeinado,
me he emocionado y
hasta me has escuhado llorar.
Me he desbordado,
te he buscado y
he recogido del suelo los trozos de orgullo y amor propio que,
aunque más bien pocos,
he encontrado.
Pero no importa
(¡y cómo lo sabes!),
siempre que quieras dejarte querer
ahí estaré para darte uno o dos masajes.
jueves, 4 de diciembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario